Ahora la decisión está en manos del Tribunal Constitucional

La Isla de Valdecañas, un paraje único a nivel nacional y de extraordinario valor ecológico ha unido por igual a populares y socialistas: y es que une más el cemento y la corrupción que las ideologías y los programas electorales.

La Marina Isla de Valdecañas, un paraje exclusivo en la provincia de Cáceres, junto al embalse del Tajo, es un proyecto de muchos millones de euros por el que algunos estarían dispuestos a comprar al mismísimo Santísimo si estuviera en venta: hoteles de lujo, campo de golf y más de 500 viviendas dsólo para las fortunas más pudientes, pretenden crear una isla de máximo despilfarro y riqueza en la tierra más abandonada y pobre de España.

Pero parece que los depredadores no lo van a tener tan fácil como pensaban: el dinero lo compra casi todo, también la justicia, pero o aquí hay algún juez honrado por medio (la excepción que confirma la regla) o es que aún no han puesto suficientes millones de euros encima de las mesas adecuadas para desatascar el asunto.

Años de batalla en los tribunales para que los propios magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura acaben por plantear una cuestión de inconstitucionalidad contra la ley extremeña que en 2011 legalizó lo construido ilegalmente. El tribunal considera que PSOE y PP, los partidos que votaron la ley, se inmiscuyeron en su labor, y si prospera sería el golpe definitivo.

Y es que tanto Fernández Varas como José Antonio Monago están cortados por un mismo patrón: el del putrefacto y corrupto Régimen del 78.

La de Marina de Valdecañas es una vergüenza nacional, la clara evidencia de las dos Españas… en una tierra incomunicada por autovía, con un transporte ferroviario de mediados del pasado siglo, abandonada por todos los gobiernos en modelo productivo y que vive, fundamentalmente, del clientelismo y las subvenciones para todas sus deficitarias actividades, en 2.007 ¡hace ya 12 años!, el promotor José María Gea ¡otro pájaro de cuidado! y con gran experiencia en macroproyectos turísticos con sonadas acusaciones de “mordidas “ a todos los políticos, decidía extender sus garras hasta la siempre olvidada Extremadura, junto al Tajo y en el interior, en el pantano de Valdecañas.

Y los políticos extremeños (tan deshonestos como los del resto de España o aún más pues proceden de la escuela de Rodríguez Ibarra, algo que imprime ambición y carácter) se frotaron las manos viendo la de millones que podían caerles como llovidos del cielo.

El reparto del pastel inmobiliario comenzaba a fraguarse en secreto y tanto PSOE como PP sacaban sus más afilados cuchillos a ver cuál de los dos trincaba mayor parte en lo que soñaban, algo así, como la Expo que nunca tuvo Extremadura.

Sabían de sobra que el proyecto, legalmente, era irrealizable pues chocaba de bruces con la protección que le otorga la Red Natura 2000, pero para vencer estos escollos que puedan impedir el enriquecimiento ilícito y el pelotazo es para lo que inventaron ese término tan socorrido de “la voluntad política”, es decir, anteponer la pasta que vas a trincar a diferencias de partido y leyes protectoras del tipo que sean.

Y llegó la fiebre del oro a una Extremadura que espera llover como quien aguarda que El Maná les llegue del cielo.

Y para acabar de solucionar cualquier tema escabroso –pero que tenga mucho que repartir- en España siempre ha habido un apellido y el nombre de un banco: el “clan Botín” y el Banco de Santander.

Aznar, López-Ibor, Gómez-Acebo, ¡cómo no, hasta los Rothschild manifestaron que, desde siempre, en el fondo de sus corazones ellos se habían sentido extremeños.

Y el pueblo extremeño -una vez más- creyó la promesa del Becerro de Oro.

Máquinas, planos, casas de millón de euros… todo para hacer que más de uno -y con perdón- “se meara por la pata abajo” pensando la parte que trincarían del negocio.

La oposición de los ecologistas fue enérgica (bueno, hasta algunos ecologistas fueron convencidos, también, de las excelencias del proyecto con argumentos de esos que hacen que los más firmes ideales se vayan por el sumidero); pero Ecologistas en Acción se mantuvo firme en su denuncia y en la exigencia de que los terrenos volvieran a la situación anterior a la aprobación de tan inmoral y tan rentable macroproyecto.

PSOE y PP, PP y PSOE no iban a permitir que cuatro “verdes” les jodieran el negocio: así las cosas –además de azuzarles al pueblo con la demagógica acusación de que los ecologistas se negaban a que, por fin, la riqueza llegara a todos los hogares de Extremadura. La Junta de Extremadura se pasaba por el forro lo que dijera el Tribunal Superior de Justicia (ya saben ustedes que “a Montesquieu lo asesinó Alfonso Guerra” y eso de la separación de poderes no encaja en nuestro ordenamiento jurídico) y nueve días después de que la justicia paralizara la bestialidad ecológica pretendida, el parlamento extremeño pegaba un corte de mangas a los ilustres togados y aprobaba un plan para legalizarlo,

Guillermo Fernández Vara (PSOE) y José Antonio Monago (PP) coinciden plenamente cuando les pjnen encima de la mesa una cantidad de billetes de 500 euros que no son ni capaces de contarlos…

Y comenzó el lío judicial, y el medioambiental, y los informe auténticos del impacto ecológico y también los otros informes, los firmados por expertos convenientemente retribuidos y prostituidos por la política y por el dinero.

Pero tanto se lio el asunto que hubo que paralizar (aunque fuera temporalmente) el gran pelotazo inmobiliario y turístico del siglo XXI en el desértico Suroeste de España.

La empresa hizo concurso de acreedores en el año 2.014 mientras PSOE y PP seguían animándole a no desistir en su empeño: “Tú tranquilo que esto lo arreglamos, desde Moncloa o desde Bruselas, pero lo arreglamos… eso sí, igual hace falta algo más de parné para convencer a los más reacios pero lo arreglamos, ¡vaya si lo arreglamos!

Ahora será el Tribunal Constitucional quien habrá de tomar la palabra y a mí, sólo escuchar ambas palabras juntas, Tribunal y Constitucional me produce urticaria…

Apostaría un brazo a que, como siempre, ganan “los malos”…

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