Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres de buena voluntad…

En España la celebración de la Navidad, desear a los amigos, vecinos, conocidos, e incluso desconocidos ¡Feliz Navidad! no tiene un significado exclusivamente religioso.

Y es que en la actualidad el significado profundo de la Navidad, el de la buena voluntad hacia los hombres, es más amplio que los dogmas de cualquier religión en particular. Esta actitud mental no es una cuestión exclusiva, aunque sea una parte esencial, de la religión cristiana.

Cuando deseamos ¡Feliz Navidad! es el momento del año en el que tenemos en cuenta a los amigos, compartimos nuestro tiempo con la familia y con nuestros seres queridos, e intentamos complacerlos.

Hablemos de la amistad:

Aristóteles, hace más de 2500 años, decía que existen tres clases de amigos, y, por tanto, tres clases de amistad.

La amistad perfecta es la de los hombres buenos e iguales en virtud; porque éstos quieren el bien el uno del otro en cuanto son buenos, y son buenos en sí mismos; y los que quieren el bien de sus amigos por causa de éstos, son los mejores amigos… La amistad por virtud se da entre hombres buenos que son un espejo psicológico el uno del otro. Ambos valoran lo mismo, ambos tienen una visión del mundo similar. Como el hombre bueno, el hombre virtuoso gusta de sí mismo, al verse reflejado en el otro, gusta de este. Le resulta agradable su compañía. Esta amistad pues, es por elección recíproca de seres absolutamente buenos y agradables por ser buenos y agradables. En esta amistad se quiere al amigo en cuanto amigo y no en cuanto médico o músico, y la alegría que dimana en cuanto tal es de amistad. Se le quiere a él o ella misma, por ser como es y no porque sea otro. Esta es la amistad más estable, porque no sólo es cada uno absolutamente bueno, sino que al mismo tiempo es bueno para el otro. Es pues ésta la amistad que es conforme a la virtud y motivada por el placer de la virtud.

Otra clase de amistad es la que guarda relación con el placer; este tipo de amistad es accidental, y es la más frecuente entre las personas jóvenes, cuando el placer está más a flor de piel. Suele darse entre amigos que comparten actividades deportivas, o que van a fiestas y beben juntos.  Suele terminar cuando el gusto cambia o cuando una persona madura y deja de participar en tales actividades.  Estas amistades accidentales no encarnan del todo lo que significa la palabra amigo, que viene de la misma raíz que amor.

Otra amistad es la que está basada en la utilidad; en este tipo de amistad, las dos personas están implicadas no por afecto sino porque reciben algún beneficio, generalmente recíproco Esta amistad no es permanente, suele deshacerse cuando los beneficios se agotan. 

La amistad por utilidad se da entre opuestos, entre contrarios, pues lo opuesto es amigo de lo opuesto en cuanto útil, pues lo semejante es inútil para sí mismo. Por eso un vendedor precisa de un comprador y el comprador del vendedor; un trabajador de un empresario, y el empleador de un empleado; una mujer y un varón se precisan mutuamente; y lo opuesto es placentero y apetecible en cuanto útil. Pero la amistad de lo opuesto es también, de alguna manera, de lo bueno, pues se desean unos a otros gracias a los bienes intercambiados. Además, la amistad basada en lo opuesto es accidental, pues los opuestos no se desean unos a otros, se trata de un intercambio de favores.

¡Feliz Navidad!, ésta es una magnífica ocasión para ser generoso, afable, bondadoso, comprensivo, caritativo, agradable, amable, amoroso, cordial, efusivo, entrañable, atento, condescendiente; estamos en un periodo del año en el que se nos invita por doquier a ser benevolente, incluso con los desconocidos. Pero la benevolencia no es lo mismo que la amistad, aunque sí puede ser un principio de amistad, ya que todo amigo es benevolente, pero no todo benevolente es amigo. Pues el que sólo es benevolente se parece al que comienza a ser amigo; por eso es principio de amistad, pero no amistad. La benevolencia ayuda a forjar nuevas amistades, empezando con la concordia. Los amigos concuerdan, y los que concuerdan son amigos. Pero la concordia, la cordialidad amistosa no lo es respecto de todas las cosas, sino sólo en relación a las realizables para la convivencia.

 Hay concordia pues, cuando existe la misma elección acerca de las normas de conducta que permiten a cada uno alcanzar sus propios fines; es decir, cuando concuerdan que la mejor manera de que cada cual crezca, se trata de amistad por utilidad, y esta amistad exige respeto recíproco a la vida de los otros, a su libertad y a la propiedad de todos.

En definitiva, la concordia es una amistad cívica o política.

El encanto, lo mágico de la Navidad, es la invitación a la buena voluntad entre las personas, impregnada de una profunda alegría. Cuando uno dice ¡feliz Navidad! está invitando a la felicidad, a la alegría; no a arrepentirse de algo, a llorar, a afligirse… y esa alegría la expresamos en forma de regalos a los seres queridos, a los amigos, a los que les enviamos afectos y les deseamos lo mejor.

También es importante (aunque algunos lo denigren y consideren negativo), que la Navidad esté ligada al consumo, a la compra de regalos. Esto es bueno para el comercio, para la economía de nuestro país; pero lo más importante es que estimula el ingenio y la creatividad para producir bienes que tienen un sólo propósito: darle a las personas, a los consumidores felicidad y gozo.

 Por Navidad las calles se engalanan, se decoran, también los edificios públicos, los diversos monumentos, las tiendas y los centros comerciales, con luces de colores… que, le dan a la ciudad una espectacular imagen visual que sólo el comercio, el ánimo de lucro puede pagar. Y no digamos del ambiente musical que inunda estos días con villancicos y canciones de la época. Y los espectáculos: belenes vivientes, musicales como “El cuento de Navidad”, ballets como “El Cascanueces” de Tchaikovsky,… orquestas y música en las plazas, y películas que se estrenan en los cines, por Navidad. Y el patinaje en las pistas de hielo. Y las risas y los ojos de asombro y de felicidad de los niños, y adolescentes, y no tan niños… Y las comidas, y las cenas; y los abrazos y los besos; y el reencuentro de amigos y familiares que no se ven el resto del año…

Sin duda, la Navidad es beneficiosa para todos, incluso para los no cristianos ¿A quién perjudica celebrar la Navidad e impregnarse de esa actitud de alegría de vivir y de la constante invitación a tener buena voluntad con nuestros semejantes?

Así pues, ¡Feliz Navidad! y un fuerte abrazo para todos.

Carlos Aurelio Caldito Aunión.

Director de la Tribuna de Extremadura.

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