Ganadero de Jerez de los Caballeros arruinado, masacrado por la Junta de Extremadura…

Juan Francisco Rodríguez reside en Jerez de los Caballeros (Badajoz) y es titular de “Los Vidales del Cortijo”. Juan Francisco dirigía una enorme cabaña de ganado vacuno; llevaba muchos años viendo nacer, crecer, pastar… a sus animales; hasta que un día aciago se vio inmerso en una cadena interminable de desgracias, dolor y sufrimiento. Hoy malvive, su día a día, desde que se levanta hasta que se acuesta está marcado por un profundo sufrimiento, por una terrible tristeza.

 Juan Francisco fue obligado por la Junta de Extremadura a vacunar a sus vacas contra la “Lengua Azul”, al igual que el resto de quienes regentan en España alguna explotación ganadera.

Para quienes no estén familiarizados con el asunto, es conveniente explicar en qué consiste la llamada “Lengua Azul”, también conocida como fiebre catarral: es una enfermedad vírica no contagiosa que afecta a los rumiantes domésticos y salvajes (ovinos, bovinos, caprinos, bufálidos, antílopes, cérvidos, wapitíes y camélidos), y es transmitida por los insectos, en particular, por la picadura de ciertas especies de mosquitos del grupo Culicoides. Los bovinos infectados cumplen un papel importante para el mantenimiento del virus en una región, pueden servir como una fuente de virus por varias semanas sin mostrar signos clínicos o sólo pocos signos… El virus puede transferirse también al feto mediante la placenta.

¿Cuáles son los síntomas de la enfermedad?

– fiebre;

– hemorragias y ulceración del tejido oral y nasal;

– salivación excesiva y descarga nasal y tumefacción de los labios, lengua y mandíbula;

– inflamación de la banda coronaria (encima de la pezuña) y cojera;

– debilidad, depresión, pérdida de peso;

– diarrea profusa, vómitos, neumonía;

– lengua “azul” como resultado de la cianosis;

– las hembras preñadas pueden abortar…

 A Juan Francisco le obligaron a vacunar a 116 animales, el 4 de Julio de 2008 a los que, “revacunaron” el 25 de Julio de 2008. La vacuna fue administrada por un veterinario autorizado por la Junta de Extremadura.

Ni a Juan Francisco, ni a ningún ganadero, se le informó de que tipo de vacuna se inoculaba a sus animales, ni cuáles podían ser sus efectos secundarios,  ni nada de nada. Se administró la vacuna a todos los animales, independientemente de su estado o sexo (gestantes, toros reproductores, etc.).

Después de ser vacunadas, las reses fueron devueltas a sus cercas y se observó que algunas de ellas estaban desorientadas y mareadas, tenían los ojos abiertos pero no veían,…

Una de ellas cayó al suelo y murió en el acto. Tras lo sucedido, Juan Francisco telefoneó a la Oficina Veterinaria de Zona inmediatamente para informar y pedir ayuda.

El veterinario que acudió a la finca levantó un acta en el que afirmaba que la consecuencia de la muerte había sido una “torsión de matriz”. El veterinario realizó el diagnóstico tras echarle una mirada a la vaca, y sin hacer ningún tipo de auscultación… ni que decir tiene que llegar a tal conclusión, con una simple mirada, es de un enorme atrevimiento.

Tras el peculiar diagnóstico del veterinario, Juan Francisco le solicitó que se le hiciera una autopsia al cadáver de la vaca. Le pidió que se hiciera una necropsia para establecer un diagnóstico más preciso. El veterinario de la Junta de Extremadura contesto que tenía órdenes de no tocar a los animales, y que recogiera por escrito sólo lo que se viera a simple vista.

Tras esta visita, ningún veterinario de la Junta de Extremadura volvió a hacer acto de presencia o dar señales de vida.

Los animales empezaron a adelgazar inexplicablemente, y muchos acabaron muriendo de forma repentina.

Visto lo visto, Juan Francisco encargó una autopsia de uno de los animales muertos, por su cuenta, y envió muestras a analizar al laboratorio Larrasa, ubicado en Jerez de los Caballeros, el único Laboratorio de Diagnóstico Clínico Veterinario de ámbito privado existente en Extremadura. Los informes de dicho laboratorio muestran la inexistencia de problemas infecciosos y parasitarios.

Juan Francisco encargó otra segunda necropsia y tampoco se detectaron signos de ninguna enfermedad. También se sacaron unas muestras de sangre y se remitieron al Hospital Clínico de la Facultad de Veterinaria de Cáceres, tampoco allí se detectó nada. Al ver que los animales no tenían síntomas de ninguna enfermedad en las pruebas realizadas, y los animales seguían muriendo, Juan Francisco acabó enviando un informe sobre lo sucedido, junto con las copias de los análisis del laboratorio al Servicio de Sanidad Animal, de la Consejería de Agricultura de la Junta de Extremadura.

Por supuesto, Juan Francisco, alertaba a las autoridades y poner en su conocimiento lo que estaba sucediendo en su explotación, a raíz de la vacuna contra la Lengua Azul. Le respondieron “que no existía relación causa-efecto entre la muerte de los animales y la aplicación de la vacuna y que las vacunas estaban aprobadas por la Agencia Española de Medicamentos.”

Los animales continuaban muriendo y ninguna autoridad se hacía responsable de nada. Y, tras la insistencia de Juan Francisco (pues es “don erre que erre”) acabaron enviando a un veterinario oficial para que visitara la explotación. Cuando el veterinario se personó en la finca, en vez de estudiar el caso, lo que hizo fue ver si los animales estaban crotalizados, si estaban identificados con un “crotal” que, es como se llama la identificación que se coloca en las orejas; o si los libros están al día, etc, es decir, cuestiones que nada tenían que ver con lo denunciado por Juan Francisco.

Viendo que los animales no mostraban mejoría y que la Junta de Extremadura no asumía ninguna responsabilidad; Juan Francisco optó por dirigirse a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios.

La Agencia contestó a Juan Francisco agradeciéndole que se pusiera en contacto con ellos para notificarles sus sospechas respecto de los posibles efectos adversos en los medicamentos BLUEVAC 1, ZULVAC 1 y BLUEVAC 4 (vacunas aplicadas a los animales para la vacunación contra la Lengua Azul); pero cuando se les solicitó que le remitieran un escrito en el cual se explicara la trascendencia del caso, respondieron que, elloslegalmente no tenían obligación de hacerlo.

Tras una nueva decepción, Juan Francisco decidió dirigirse al Defensor del Pueblo, para exponerle su triste situación. De momento no ha recibido respuesta.

Juan Francisco también se dirigió a la Subdelegación del Gobierno en Extremadura, y como resultado, lo volvieron a visitar unos veterinarios de la Junta de Extremadura, Estos tomaron unas muestras de sangre, heces y piel. Después de esta visita, informaron –con absoluto descaro, y para recochineo- a Juan Francisco de que sus animales tenían piojos, que en la finca había estramonio y que habían detectado Theyleria annulata e IBR.

Cualquiera que tenga un poco de formación y sensatez, sabe perfectamente que es imposible que sean piojos los que acaben con la vida de más de un centenar de animales. Estramonio ha habido siempre en la finca, ya que los animales habían sido vacunados años atrás, y la Theyleria cualquier animal puede tenerla y no padecerla; además los síntomas de la Theyleria, también llamada garrapatita, son de sobra conocidos y las vacas no presentaban dichos síntomas.

Juan Francisco nunca, a lo largo de su dilatada vida de ganadero, había tenido problemas sanitarios, los problemas surgieron a raíz que la Junta de Extremadura vacunó a sus vacas contra la Lengua Azul, nunca antes, la explotación había sufrido una muerte masiva de animales, ni siquiera en los periodos de sequía padecidos por Extremadura. Todo ello se puede demostrar mediante el libro de registro de la explotación.

Durante todo este tiempo, la hija de Juan Francisco tuvo tiempo de estudiar veterinaria y licenciarse. Carmen le ha servido a su padre de una gran ayuda.

Después de todo lo contado hasta ahora, y tras haber leído los protocolos de actuación, así como el resumen de las características técnicas de la vacuna contra la Lengua Azul inoculada a las reses; a la única conclusión a la que se puede llegar es a la de que, se han incumplido los protocolos establecidos, utilizándose la vacuna con negligencia temeraria, ya que se vacunó indiscriminadamente tanto a los toros, como a las vacas gestantes, sin tener en cuenta su estado sanitario. Además los animales presentaban muchos de los síntomas que de describen en los efectos adversos de la vacuna, así como síntomas característicos de la enfermedad de la Lengua Azul.

 Llegó un momento en que Juan Francisco no tuvo dudas de que, todo el daño que se le había causado a sus reses, se desencadenó a raíz de la inoculación de la vacuna de contra la Lengua Azul; a pesar de que desde un principio tanto los técnicos como los facultativos negaban, llegando a acusar a Juan Francisco de mal manejo de los animales, cuestionando su profesionalidad como ganadero. Y, como resultado de toda la serie de circunstancias narradas, las autoridades han acabado provocando la tota ruina de Juan Francisco, además de una absoluta indefensión.

Tras lo sucedido en “Los Vidales del Cortijo”, con la casi totalidad de las reses de Juan Francisco, de lo que no cabe duda alguna es de que, hubo un problema con la vacuna, y de que, si Juan Francisco no hubiera sido obligado, por la Junta de Extremadura, no estaría pidiendo explicaciones y que asumieran su responsabilidad.

Estamos hablando, no sólo de los perjuicios causados a los animales de Juan Francisco; estamos hablando también de un asunto de salud pública, también de posibles, casi seguras repercusiones en la fauna silvestre del entorno, y por supuesto, en otras explotaciones.

Transcurrida una década (el asunto se inició en 2008), Juan Francisco se puso en contacto conmigo, el abajo firmante, director de la Tribuna de Extremadura, y en estos instantes el affaire está en manos de un abogado decente que, está promoviendo todo lo que está en su mano, y el sistema legal permite, para que se investiguen los hechos y se depuren responsabilidades, que haberlas haylas; así como para que se reparen los daños causados a Juan Francisco y a su familia, ya que la inoculación de la vacuna contra la Lengua Azul fue el desencadenante de la perdida de su cabaña vacuna, y por lo tanto, de su ruina económica…

Como pueden suponer nuestros lectores, la Tribuna de Extremadura posee pruebas documentales de todo lo que se narra en este texto; y no solamente de lo hasta aquí contado, pues Juan Francisco Rodríguez tocó muchas más puertas: el Seprona, la Fiscalía de Medio Ambiente, los Juzgados de Jerez de los Caballeros, etc.

También está en nuestro poder un certificado del veterinario Don Cándido Tirados Félix, de fecha 13 de mayo de 2014 en el que afirma que lo ocurrido con el ganado de Juan Francisco se debe a una reacción negativa a las vacunas contra la Lengua Azul, inoculadas, y que la información que posee (para lo cual adjunta el resultado de una necropsia), le lleva a la conclusión de que se están produciendo secuelas en ganado no solamente bobino, sino también ovino, y que el “cuadro clínico” se denomina síndrome asia, y que tales síntomas están relacionados con el hidróxido de aluminio… lo cual produce un deterioro progresivo del sistema inmunitario de los animales que, trae como consecuencia la muerte.

Como decíamos más arriba, Juan Francisco se dirigió a todas las administraciones de las que tiene noticias, es por ello que, nos ha facilitado una copia de una circular de la UPA -Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos- firmada por Ramón Santalla Agra, de 14 de febrero de 2014, en la que se narra que hasta esa fecha se había dirigido a UPA, una enorme cantidad de ganaderos, describiéndoles idénticos síntomas a los padecidos por el ganado de Juan Francisco, con resultado, también de muerte, tanto ganado ovino como bobino, y en todos los casos eran secuelas producidas tras la vacunación de su ganado contra la Lengua Azul… la misma circular advertía de la enorme crispación que se estaba produciendo, y hablaba de la necesidad de reunir a los ganaderos afectados, para posteriormente emprender las acciones oportunas…

Tanto la Fiscalía como el Seprona (Guardia Civil), están al corriente de la situación de la explotación ganadera de Juan Francisco Rodríguez, desde hace largo tiempo, y ni la una ni el otro han actuado por el momento, a pesar de que Juan Francisco ha advertido al Seprona de que no tiene intención de hacerse responsable de los diversos becerros que han ido naciendo, en los últimos años… lo poco que queda de su rebaño (el último día que he hablado con él, me dijo que apenas sobreviven 14 o 15 reses) pasta libremente, dejado de la mano de Dios, sin garantías sanitarias, sin higiene, en terribles condiciones… todas ellas sin dar de alta… y las autoridades, mientras tanto, siguen mirando para otro lado y se ponen a silbar.

La candidez (dicha sin ánimo de ofender) de Juan Francisco le llevó a pensar que cuando las autoridades tuvieran conocimiento de que se estaba cometiendo con él y su rebaño una situación ilícita, acabarían actuando de oficio. Nada más lejos de la realidad. A estas alturas no hay ámbito de la administración que no tenga noticias del asunto…

Ahora, solo cabe que los buenos oficios del abogado que lleva el asunto, conduzcan a que, como poco se compense económicamente a Juan Francisco Rodríguez, pues, desgraciadamente ya no hay quien le devuelva su ganado.

¿Cuántos Juan Franciscos se habrán visto afectados por la negligencia, y el mal hacer de los supuestos expertos, cuando se vacunaron sus ganados contra la Lengua Azul?


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6 thoughts on “Ganadero de Jerez de los Caballeros arruinado, masacrado por la Junta de Extremadura…

  1. Una pregunta, la obligación impuesta a este ganadero desde la Junta de Extremadura de la vacunación de las reses y por un veterinario homologado por la propia Junta.
    El coste de esas vacunas lo asumia la Junta? o era el ganadero el que tuvo que desembolsar el dinero?. El veterinario autor, fue elegido por el ganadero? o ya le venia impuesto?
    Un saludo

    1. Y… ¿Qué te hace pensar que solo ha pasado en la explotación de Juan Francisco Rodríguez? Tenemos noticias de que ha pasado en muúltiples sitios, no solo en Extremadura, también en el resto de España.

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