Comenzamos el año 2019 con el enésimo accidente de tren en Extremadura.

Hoy, 2 de enero, Extremadura es noticia en todos los medios de información de España, hasta en los deportivos, en todos, sean diarios digitales o escritos, sean radios, sean televisiones, todos llevan en portada el enésimo accidente de tren en Extremadura. Todos claman al cielo, todos coinciden en que “esto es de vergüenza”, algunos hablan de problema de estado, de burla cruel a los extremeños, más de un millón de españoles, situados en suroeste de España que pagamos impuestos, como el que más y que no recibimos los mismos servicios…

Un tren con destino a la Capital de España, y que había salido de Badajoz, a las 17,18 horas se acabó averiando, en mitad del campo, a pocos kilómetros de Navalmoral de la Mata (Cáceres) y allí mantuvo durante largo tiempo a 163 pasajeros, sin luz ni calefacción. Las autoridades ferroviarias tuvieron que desplazar otro tren, desde Talavera de la Reina (Toledo) para remolcar el convoy averiado a tres kilómetros de Navalmoral de la Mata.

Después de ser remolcados, tuvieron que permanecer parados otra hora en la estación de la comarca del Campo Arañuelo.

Los afectados acabaron llegando a sus destinos de madrugada, con cuatro horas de retraso.

Quienes habían subido al tren en Badajoz, capital, se vieron antes afectados por otro contratiempo, a su llegada a Mérida (recorridos 60 kilómetros) tuvieron que cambiarse a otro convoy de reserva. Esto hizo que llegaran a Cáceres con una hora de retraso. A las 22.30 horas, ese segundo tren sufrió otra avería mecánica en la propia estación de Navalmoral, donde estuvo detenido en torno a una hora, según Renfe.

Renfe explica que en un primer momento se intentó buscar medios alternativos para llevar a los pasajeros por carretera de forma inmediata pero fue imposible debido «a la hora y a la fecha», de manera que se optó por pedir un tren de socorro desde Talavera de la Reina para remolcar hasta la estación de Navalmoral el tren averiado.

Una vez realizada esta operación, los pasajeros fueron llevados a sus destinos por diferentes procedimientos: 30 personas continuaron con el viaje previsto, hasta paradas intermedias en el tren llegado desde Talavera y los restantes fueron trasladados en dos autobuses hasta Madrid. Otros dos fueron trasladados en taxis y algunos fueron recogidos por familiares, según confirma la propia Renfe.

El tren que salió de Badajoz, tenía previsto llegar a Madrid a las 23.09 horas pero lo hizo con cuatro horas de retraso. Quienes subieron en Badajoz, realizaron un viaje de 11 horas, para recorrer 400 kilómetros.

Este tren no fue el único afectado por averías el día de Año Nuevo, hubo también un Talgo, que partió de Badajoz, con destino a Madrid-Chamartín, a las 8,45, que se tuvo averías, por las que alrededor de cien viajeros sufrieron contratiempos.

Casi 300 personas han se han visto inmersas en las cuatro averías sucedidas en los trenes extremeños en los dos primeros días que llevamos de año. La última de las cuatro averías se ha producido esta misma mañana en el tren Cáceres-Sevilla de las 6.46 horas. Sus doce viajeros han tenido que viajar en autobús hasta Mérida y el tren circulaba con diez minutos de demora, según han informado fuentes de Renfe.

La mayoría optó por poner hojas de reclamaciones y ante la falta de respuestas, uno de los viajeros mantuvo una discusión con uno de los empleados de Renfe, que llamó a la Policía Nacional para que se personara en la estación. Cuatro agentes se desplazaron allí para mediar.

Todo lo que venimos narrando hasta aquí, parece ser un anticipo de lo que les espera a los extremeños y cuantos visiten Extremadura en el año 2019 que, acaba de echar a andar.

 Hoy más que nunca hay que gritar alto y claro que Extremadura merece trenes dignos. ¿Pero, qué clase de tren-trenes?

Las autoridades ferroviarias, para no crear falsas expectativas y posteriores frustraciones, deberían hacer un anuncio publicitario que dijera: ¡Papá, mamá, hijos, amiguetes si tenéis intención de venir a Extremadura en tren, ni se os ocurra… pues no es posible!

Corría el verano de 1973 cuando Renfe nos sorprendió a los españoles de entonces, que sólo veíamos dos emisoras de televisión, y en “blanco y negro”, con un curioso anuncio publicitario. Unos niños, en vez de despedirse de su padre con el tradicional “Papá no corras”, le pedían: “Papá, ven en tren”. Algunos malintencionados le añadían jocosos: “Aunque mamá dice que mejor no vengas.

Éste y otro de “Con Iberia ya hubiera llegado” competían ofreciendo servicios de transporte para reducir el tráfico en las carreteras españolas, a la vez que el número de accidentes. Al mismo tiempo, paradójicamente quienes animaban a usar el tren fueron construyendo más y más autopistas, autovías, y vías rápidas, dándole prioridad al asfalto.

La de “Papá ven en tren” fue la primera campaña española reivindicando el uso del ferrocarril como transporte rápido y seguro. Un intento de acabar con la mala imagen que empezaba a tener el ferrocarril desde que las carreteras (¡Menudas carreteras las de entonces!) se empezaron a llenar de “Seiscientos” (el vehículo de fabricación española, que se puso de moda en los últimos años del franquismo).

En las últimas cuatro décadas, a la vez que España ha ido cambiando, también lo ha hecho el transporte ferroviario. Menos en ese lugar del Suroeste peninsular situado por encima de Sierra Morena, junto a la frontera portuguesa.

En toda España, salvo Extremadura, se ha ido electrificando el transporte por ferrocarril, a la vez que se creaban más y más líneas de cercanías y de media y larga distancia. Y todo ello pese, a que se hacían más y más carreteras, y los gobernantes apostaban por el transporte aéreo, dando a entender que era el summun de la modernidad, hasta el extremo de que fueron construyéndose aeropuertos en casi la totalidad de las capitales de provincia.

Mientras, en Extremadura seguimos con trenes movidos por combustibles fósiles y sin un solo kilómetro electrificado. Y al mismo tiempo, los que también deseaban construir una refinería de petróleo en la comarca de la Tierra de Barros, fueron dándole prioridad al asfalto. Primero se pusieron manos a la obra con la autovía que une Madrid con Lisboa, un verdadero lujo. Mientras que se desatendía la ruta más natural de Extremadura, la Vía de la Plata, aunque (más vale tarde que nunca) se haya acabado poniendo en funcionamiento.

A la vez que todo esto sucedía, se fueron dando de baja trenes y trenes y se fueron suprimiendo casi todos, hasta tal extremo que en la actualidad no es posible viajar en tren desde ninguna de las provincias extremeñas hacia Portugal, o hacia Salamanca, o hacia Toledo, o hacia Sevilla… Y para ir de Badajoz capital a Cáceres capital hay que ir por Mérida. ¡Increíble, pero cierto!

Y mientras todo ello sucedía, los que ahora que comienza 2019,  se acaban de dar cuenta de la vergonzosa situación de los trenes en Extremadura, y han convocado en varias ocasiones al pueblo extremeño a manifestarse -no se sabe bien para qué- nos prometían la llegada del “AVE” a Extremadura, y subvencionaban vuelos desde el aeropuerto de Talavera la Real.

En la actualidad no existe mejor medio de transporte que el tren, y ni ninguno más respetuoso con el entorno después de la bicicleta.

Más todavía: según todos los estudios realizados hasta la fecha, si se tienen en cuenta los costes reales, resulta claramente más barato el ferrocarril, casi cinco veces más barato que la media del transporte por carretera, y más de 15 veces inferior al de la aviación.

Por supuesto, no estamos hablando del ruinoso negocio del AVE, que para recochineo le hace la competencia al transporte aéreo.

El tren –allí donde lo hay- además de ser ecológico, permite leer, echar una siesta, comer gracias a su servicio de restaurante, hablar por teléfono sin miedo a las multas o contemplar extasiado el paisaje. Su siniestralidad es la más baja de todos los sistemas de transporte, el más seguro. También –allí don los hay- resulta cada día más puntual, sin necesidad de tener que estar con dos horas de antelación y sufrir largos procesos de control antes de embarcar, como nos ocurre en los aviones.

Además sus estaciones están generalmente siempre en el centro de las ciudades, frente a la lejanía tradicional de los aeropuertos. Sin caravanas, agobios ni malos modos.

Así que, ¡Ánimo!, algún día en Extremadura es posible que podamos decir: “Hijo, papá, mamá, amigo, ven en tren”. Todos ganaremos con ello. Venid en tren porque es más probable que lleguéis a casa, sanos y salvos, que yendo en coche.

Mientras tanto, la Junta de Extremadura, junto con los autodenominados “agentes sociales”, seguirán convocado a la gente a manifestaciones, para reclamar –dicen- trenes dignos para Extremadura (bueno, ellos dicen “un tren digno”, no se sabe bien por qué “uno”) su objetivo, afirman sin sonrojarse, es implicar a toda la sociedad, que los extremeños salgan a la calle para que la reivindicación sea un grito alto y claro que suene a nivel nacional.

Dicen ellos que hay que hacer ruido, mucho ruido, salir a la calle a vociferar, a procesionar, porque cuando la gente se mueve las reivindicaciones se atienden, sobre todo si, como es el caso, cuentan con el aval unánime de quienes dicen ser sus “representantes”; hablan de “movilizarse”, de salir a la calle, de armar follón, de algarabías… de protestar…

 Protestar, ¿para qué?

Efectivamente, Extremadura también existe, sus habitantes forman parte de España y deberían poseer los mismos derechos que el resto de los españoles (ya que poseen las mismas obligaciones, entre otras la de tributar, pagar impuestos) y deberían tener acceso a los mismos servicios y prestaciones.

De veras que es increíble, de un profundo cinismo que, los gobernantes y los partidos de la oposición se acuerden solamente de Santa Bárbara cuando truena, como ha sido el caso de las horas transcurridas desde que empezó el año 2019, y hablen de la carencia de ferrocarriles en Extremadura y de la precariedad de los pocos, poquitos existentes, y de que están preocupados y que están estudiando la manera de solucionarlo, y bla, bla, bla…

Pero, lo que es más sorprendente es que, quienes habitan en Cáceres y en Badajoz no se planteen cambiar su voto en todos los comicios que se avecinan y que no piensen en la posibilidad de dejar de apoyar a quienes han gobernado en la región, en los pueblos y ciudades de Extremadura durante los últimos cuarenta años, con el apoyo entusiasta de los llamados agentes sociales.

Los enésimos accidentes ferroviarios de Extremadura solo se solucionarán cuando los cacereños y badajocenses, recuperen la igualdad de derechos, para lo cual es imprescindible desmantelar el estado de las autonomías, y derribar toda la inmensa burocracia, la inmensa red de parásitos que viven a nuestra costa y lastran el verdadero progreso, solo así se saldrá del secular atraso de lugares como Extremadura; facilitando la inversión, el libre comercio, la libre contratación…

Y mientras todo esto sucede, el presidente del gobierno se divierte haciendo turismo en aviones Falcon, por todo lo largo y ancho de la geografía española, pagado con nuestros impuestos, también los de los extremeños.

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